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Nacido el día de Navidad de 1.816, era hijo de Matías Calvo, capitán de un bergantín que aquel día estaba de servicio de guardacostas por la cornisa cantábrica.

Consecuente con la tradición familiar, el padre le instruyó desde muy niño en el arte de navegar, embarcándole con él cuando sólo tenía doce años. Nada más finalizar sus estudios de náutica al cumplir los dieciocho años, salió a buscar fortuna a América.

Una vez en La Habana se colocó como dependiente de ferretería y al de un mes
envió a su madre una onza de oro que se convertirían en muchas más al de pocos
años.


1816 - 1904

Ahorrador e inteligente, a los ocho años de su llegada es propietario de unaembarcación que dedicada a faenas de cabotaje en Cuba le rinde pingües beneficios, tantos como para pasar a
ser su propio patrón en el negocio ferretero.

Después crea una compañía de vapores denominada el Sindicato de navegación del Sur, que va evolucionando hasta el extremo de monopolizarlos portes de las zonas de Vuelta Abajo y de Isla
de Pinos.

Empezó también con un pequeño cafetal e hizo un “ingenio” o fábrica de azúcar de casi 120 kilómetros cuadrados, al que bautizó con el nombre de Portugalete, con lo que llegó a
convertirse en uno de los industriales azucareros más importantes de su tiempo. Allí todos los trabajos se realizaban bajo su mandato directo, residiendo todo el año en la mansión inmediata
a la factoría, considerándosele como un verdadero maestro del azúcar en toda la extensión del
oficio, pues cubría todo el ciclo de su elaboración, desde la extracción del zumo de la caña hasta envasarlo y exportarlo, ampliando también su producción al llegar a obtener el alcohol de caña.

Tuvo relaciones de negocios con Antonio López, Marqués de Comillas, ocupando la vicepresidencia
de la Compañía Transatlántica. Juntos y con el denominado “grupo catalán” crearon el poderoso Banco Hispano Colonial.

Para sofocar la sublevación independentista cubana, ejerció una gran actividad política en Madrid y velando por sus intereses y los de la metrópoli, ayudó a subvencionar los gastos de la intervención militar del general Martínez Campos.

Su creencia de que la ayuda yanqui a los independentistas se debía al propósito de que la colonia española pasase a sus manos, se confirmó posteriormente.

Cuando los nacionalistas cubanos prendieron fuego a su ingenio Portugalete, viendo que era imposible repararlo, se hizo cargo de todos los gastos de habilitación y manutención de su personal cuidándoles paternalmente y concediéndoles la libertad, anticipándose a las leyes de la abolición de la esclavitud.

Viudo y sin descendencia, volvió al reposo de su Villa natal, habitando con sus criadas “morenas”
en su casa mansión de la plaza que fue la primera que se edificó en el Muelle Nuevo. Inaugurada
en 1.872, había impresionado por su suntuosidad a los portugalujos.

Su labor benefactora en la Villa fue importante, contribuyendo, entre otras cosas, a la restauración
de la torre de la iglesia. Finalmente en su testamento, legó su casa para que la Villa contara con un gran Hotel que quería que se llamase

“La casa de los pobres” y cuyos beneficios se dedicarían a dar de comer a los menesterosos. También cedió al pueblo un gran edificio ubicado en el centro de La Habana. Fallecido en 1.904 en Cádiz, sus restos fueron traídos a Portugalete. Llevado a hombros de marineros uniformados que marchaban a los acordes de marchas fúnebres interpretadas por una banda de música, su entierro fue muy espectacular.

En el paseo central del cementerio, un monumento fundido en bronce que representa a Cristo crucificado, perpetúa su recuerdo.